Los adultos que ahora somos, resultamos la consecuencia de la educación, vivencias y ejemplos que se nos dio durante toda nuestra formación desde niños, hoy somos solamente el reflejo de aquello que aprendimos en nuestra casa, en la escuela y el entorno social en el que nos desenvolvimos.

 

Pensando en ello, es muy posible que cuando vemos a un adulto creamos que es una persona correctamente constituida para actuar adecuadamente y al enfrentarse a los retos del día a día, podrá resolverlos sin contratiempos.

 

Sin embargo, hay un aspecto que hemos menospreciado en cuanto a la educación se refiere y esto es lo que nos compete en relación a hacernos responsables de nuestras acciones y palabras para con las otras personas, es un compromiso ser un adulto y actuar en consecuencia, esto es tener una educación cívica para una correcta convivencia social, la cual nos ayuda a que diariamente aceptemos y coexistamos en armonía con la gente que nos rodea.

 

Al entender lo que es el civismo, podríamos decir que esto es sentido común, no obstante, debido a lo mencionado antes en cuanto a  nuestro bagaje de aprendizajes durante toda nuestra vida, nos puede limitar y debemos como adultos acostumbrarnos a seguir aprendiendo y moldeando nuestra personalidad para poder tener una cordial comunicación con los demás.

 

En este sentido, no parece imposible dejar de envolvernos por la locura, el estrés y los deberes de nuestra rutina y por una ocasión pensar en respetar a los demás, ser conscientes de su existencia.

 

Observando a nuestra bella ciudad de Querétaro, sus hermosos paisajes y su amable comunidad, uno se da cuenta que a veces nos olvidamos de apreciarlos y nos transformamos en seres desconsiderados. Esta ciudad está creciendo y este tipo de educación cívica, es indispensable, ya que siendo tantos o muy pocos, el problema no es crecer sino saber como comportarnos entre nosotros.

 

En principio, podemos comenzar poniendo atención en el tráfico, cuando nos importa más llegar temprano que si atropellamos a alguien y olvidamos darle paso al peatón, que la vuelta a la derecha no es continua, que los semáforos existen con un propósito tanto para los automovilistas como para los traseúntes, los puentes peatonales deben ser utilizados y que la única señalización cuando no hay semáforo ante los cruces difíciles y peligrosos es la cortesía y buena educación, un rasgo simple como seres humanos para respetar al otro.

 

Desde donde nosotros podemos influir para que esto suceda, como padres, maestros, consultores y personas en contacto con los más pequeños, para que al crecer no parezca muy complicada la tarea de tratar con respeto a nuestros semejantes, podríamos así probablemente tener una sociedad más condescendiente.

 

Todo esto es con el fin de reflexionar acerca de en lo que nos hemos convertido como personas y reconsiderar nuestro comportamiento frente a los otros, hablamos de calidad siempre para las cosas materiales, cuando mayormente deberíamos estar preocupados por la calidad humana que nos caracteriza, nos conforma y es el reflejo que proyectamos a los demás.